Año XI. Nº163
Abril de 2008
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ACTUALIDAD / Paro Agropecuario

  El Campo Se Enojó  
  El anuncio de una nueva suba de las retenciones y de un sistema móvil desató la bronca del sector. Productores pequeños y medianos salieron a cortar las rutas y pusieron al país al borde del desabastecimiento. El Gobierno rectificó el alcance de la medida para los campos más chicos, pero no alcanzó a conformar.  
 

Por Daniel A. Valerio, Carlos Nasif y Santiago Rivas

 
  El anuncio de una nueva suba de las retenciones y de un sistema móvil desató la bronca del sector. Productores pequeños y medianos salieron a cortar las rutas y pusieron al país al borde del desabastecimiento. El Gobierno rectificó el alcance de la medida para los campos más chicos, pero no alcanzó a conformar.
  Opinión

Sin Diálogo, se Comunicaron

Por Daniel A. Valerio. Ingeniero Agrónomo

NI OLIGARCAS terratenientes, ni gauchos pobres. Ninguna de esas figuras refleja al actual sector agropecuario argentino. Mucho menos a quienes realizaron los cortes y concentraciones de estos días. Quienes se apostaron en las rutas son la base del sector: productores pequeños y medianos. Ellos, independientemente del porcentaje que representen de la producción total, son el sostén que mantiene a los pueblos del interior del país. Por eso consiguieron el apoyo y fueron acompañados en la protesta por sus vecinos.
Pero lo más importante es que se mostraron como lo que son: empresarios. Como tales tienen inversiones y toman riesgos. Una buena parte del capital lo tienen en tierra, que como muestran los preceptos de administración agropecuaria tiene un bajo riesgo. Otra en maquinarias e implementos, de riesgo medio. Y por último invierten campaña tras campaña en semillas, herbicidas, fertilizantes, combustibles y una parva de insumos (es “la plata que se entierra” como dicen en el campo) que con mucho más alto riesgo que los anteriores queda en manos de la “diosa Lluvia”.
En forma casi inédita, los productores agropecuarios asumieron ese rol empresario. Y así se presentaron. Por eso se pudo ver la cara de alguno de ellos diciendo frente a las cámaras de televisión: “Sí, tenemos rentabilidad. No entiendo cuál es el problema”.
Esto cambió un viejo estigma del sector. Logró lo que nunca había logrado: comunicarse con el resto de la sociedad. Para ello tuvieron que romper con su auto aislamiento y pasar por encima a su propias entidades. Se venía gestando, en los últimos años ante cada conflicto los dirigentes del sector empezaron a ser desbordados por los reclamos de “las bases”. La falta de una representación unificada y las dificultades para comunicarse parecen estar ligadas, como causa y consecuencia.
El campo se enojó. Es cierto que la bronca de ahora nace porque le vuelven a meter la mano en el bolsillo. Pero también porque le vuelven a cambiar las reglas de juego y porque se cansó de que le mojen la oreja con calificaciones que en los últimos años lo presentan como los insensibles e irracionales. Antes lo hizo Néstor Kirchner y ahora Cristina Fernández de Kirchner. Antes se equivocó uno, ahora el otro. Ambos, aparentemente mal asesorados y sin comprender de qué se trata, erraron el tiro. Pero por sus estilos para gobernar tienen la dificultad del que anda en chancletas, no puede recular.
Frente a todo esto el campo rompió el diálogo, lo paradójico es que de esa forma logró comunicarse con el resto del país.

Un Golpeal Presupuesto

Por Carlos Nasif

Los derechos de exportación calan hondo en los márgenes de las explotaciones agropecuarias, y se profundizan los perjuicios a medida que los planteos se alejan de la zona Núcleo. Si bien en este último caso la tierra es más productiva, los agricultores se enfrentan a costos que superan la línea de equilibrio, como los arrendamientos.

LA VARIEDAD DE probabilidades y la cantidad de factores que influyen en la economía agropecuaria tienen ahora un nuevo concepto para agregar incertidumbre: las retenciones a las exportaciones móviles.
Este tipo de gravamen no sólo es un obstáculo insalvable para el desarrollo de los mercados futuros, sino para algo más simple: hacer un presupuesto.
Super Campo recorrió el país agrícola para conocer en cada zona los detalles de cómo se maneja un productor a la hora de hacer los números con retenciones fijas y móviles y quedó en evidencia que con una u otra, los resultados son preocupantes.

EN BAJA. En la zona considerada más rica del país para el agro, en la localidad bonaerense de Pergamino, los productores están expuestos a tecnología superiores para que los rindes den positivo. Si bien las bondades del suelo son superiores a otras zonas, también hay costos, como los alquileres, que en muchos casos superan la línea de equilibrio de costos. Allí el titular de la Rural de Pergamino, Roberto Canpi, destacó el perjuicio que genera a un productor una retención móvil y del 44 por ciento.
También consultamos a productores de Rafaela, Santa Fe. “En la zona de influencia de Rafaela, donde las tierras, como en gran parte del país, tienen distintas calidades y por tal razón las explotaciones son mixtas, incluyen tambos, agricultura y en menor medida, desde hace un tiempo, la ganadería de carne. Los campos de mayor aptitud productiva tienden a ser de menor superficie y los de menor calidad son más extensos. La zona tiene explotaciones de 150 a 350 hectáreas en promedio”, comentó el productor y miembro CREA, Horacio Vincenti.
También aclaró que en los números de Rafaela “no están incluidos los gastos de administración, estructura, ni ningún impuesto. Al agregarlos, el margen neto de cada explotación da en rojo”, sentenció.
En Victoria, otra zona donde la agricultura cada día arrincona más a la ganadería, cada punto de retención es un mazazo a la renta. José Basaldúa, productor y presidente de la Rural entrerriana, destacó que “en el caso del trigo, el precio final esta determinado por factores que tienen que ver más con las graves distorsiones producidas por los intensos manoseos del mercado de este cereal. La reducción de un punto en las retenciones (de 27 a 26 %) por la disparada en la cotización del trigo no sólo se diluyó sino que fue superada y se ubica en el 29,3%”.
Otro tema no menor es el balance de nutrientes de los suelos. Por ejemplo, Vincenti cuenta que en Rafaela “da negativo, y si bien se estaba empezando a tomar conciencia de que hay que reponer, como mínimo, lo que se llevan los productos que salen del campo, tanto granos como leche y carne, se agravará la degradación de los suelos, datos que se pueden cotejar con reiterados informes del INTA”.
Las mismas complicaciones de suelo la tienen en Jesús María, una de las zonas marginales donde la agricultura más ha avanzado.
“Un productor grande acá es como un chico de la región pampeana. Las limitaciones del suelo que nos obliga a utilizar mucha tecnología, la lejanía de puertos, los costos de producción, todas son limitantes y ahora con retenciones del 44% y móviles es demasiado para un productor y por eso se reacciona así”, aclaró César Solano, presidente de la rural de esa ciudad cordobesa.
En definitiva, algo similar a lo que sucede en el norte cordobés pasa en el Oeste de la provincia de Buenos Aires, donde la agricultura gana terreno en función de la baja rentabilidad ganadera. Sin embargo, con las nuevas medidas del gobierno, los productores ya piensan si no será necesario volver a las vacas. [an error occurred while processing this directive]

 

 

 
   
 

Impuestos que Matan

Por Santiago Rivas

La presión fiscal que sufre el campo tiene como pilar fundamental a las retenciones. Frente a la nueva medida, la rentabilidad se vuelve casi nula y hasta negativa en algunos casos de acuerdo con el análisis realizado por AACREA.

LA RENTABILIDAD del campo se volvió casi nula con la polémica medida del Gobierno. Especialmente el escenario de esta campaña, con una sequía que se hizo sentir durante el verano, se vuelve más complicado y muchos productores, que cuando hicieron sus análisis hace un año, previeron resultados positivos, hoy no llegan a cubrir sus costos.
Desde AACREA presentaron los datos sobre como impactan los impuestos dentro del esquema productivo, los cuales sirven para analizar la injerencia que tienen las retenciones en el resultado final de los productores y cuál es también su participación dentro del espectro de impuestos que cobran tanto el Estado Nacional como las provincias y municipios.

ANÁLISIS FINO. El planteo se armó tomando zonas muy diferentes entre sí, armando un esquema productivo típico para cada una de ellas en cuanto a la superficie y la rotación de cultivos, con los rindes esperados para la presente campaña, reducidos debido a la sequía que afectó al país, tomando el promedio de los campos de la zona y con los valores actuales de insumos, arrendamientos y otros costos directos.
En base a la producción alcanzada se tomó el resultado final sin impuestos, que surge de tomar el precio FAS más las retenciones y descontarle tanto los gastos directos (que generan el margen bruto), como los indirectos, (gastos de estructura, de administración y las amortizaciones).
Además, en cada gasto se fueron quitando los impuestos incluidos. De esta forma se llega a una cifra que significa cuánto le ingresaría al productor de no existir ningún tributo. A partir de ahí se puede desglosar cuánto representa cada aporte que se hace al Estado.
En los cuadros se exhiben los resultados para un campo en Intendente Alvear, La Pampa, y para otro en el Sur de Santa Fe. El primero representa una zona marginal, muy afectada por la sequía, mientras que el segundo es en la zona más productiva del país, aunque también ha sufrido la falta de lluvias.

IMPACTO. En el planteo de Intendente Alvear, se puede ver que en campo propio el resultado sin impuestos es de 831 dólares por hectárea y con campo arrendado es de 549 dólares. Sin embargo, luego de descontado lo que se lleva el Estado, solamente quedan 158 dólares en el primer caso, mientras que en el segundo se pierden 37. De no existir retenciones, los resultados serían 718 y 523 dólares, respectivamente.
En este caso, la presión fiscal (porcentaje que se lleva el estado sobre el valor del producto) se ubica en 81% para planteos de campo propio, y del 107% para el arrendado.
Tanto en Intendente Alvear como en el Sur de Santa Fe, los impuestos nacionales representan entre el 96 y el 99% de la recaudación y dentro de ellos, las retenciones participan con un rango que va del 76 al 96%. Este es un punto que preocupa a los productores ya que significan un enorme aporte que no vuelve de una manera directa o equitativa a los municipios o provincias, debido a que no son coparticipables.