Año XI. Nº163
Abril de 2008
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  ACTUALIDAD / Helicóptero agrícola
  Hecho en la Argentina  
 
Un helicóptero y un fertilizante foliar, ambos ideados en el país, prometen constituir juntos un nuevo ingrediente en la tecnología que hoy se aplica a la agricultura nacional.
 

Por Inés Umaran

 
 
 

EN LA FACULTAD de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata, docente y alumno unieron su pasión por la aeronáutica y la agronomía y se embarcaron en un ambicioso proyecto: el desarrollo de un helióptero de uso agrícola. El Ingeniero Agrónomo Ariel Clua, docente e Investigador del Instituto de Fisiología Vegetal (INFIVE) y de la cátedra de fisiología vegetal y Juan Manuel Cicaré, lograron un buen aterrizaje luego de dos años de duro trabajo.

IDEA. “Nace a raíz de la inquietud de Juan Manuel quién me planteó la idea de hacer algo relacionado con el helicóptero para su tesis final de grado”. Por entonces Clua empezaba a estudiar los efectos de la fertilización foliar en kiwi. Había desarrollado un fertilizante foliar completo con los estándares de calidad de un producto importado. “Pensé en combinar ambas cosas, el desarrollo de un helicóptero para uso agrícola junto con el efecto de un fertilizante foliar completo en cultivos extensivos, que hasta ese momento no se estaba usando porque era una tecnología cara”. El punto en común y clave de esta doble propuesta: helicóptero y fertilizante son de desarrollo nacional.
Juan Manuel comenzó su carrera de agronomía sabiendo mucho sobre helicópteros. Su padre es Augusto Cicaré, pionero en la fabricación de helicópteros en América Latina. Sabía que en Europa y Estados Unidos estaba muy desarrollado el uso del helicóptero en el agro. “Lo usan para siembras aéreas, para el control de heladas, allí donde se necesita viento para ayudar a la liberación del polen, para la aplicación de agroquímicos en general”. Y que, en Argentina, su uso estaba restringido a aplicaciones muy puntuales, en producciones donde el retorno económico justificaba los elevados costos, porque los equipos son importados y por lo tanto muy caros.
Planteada la idea comenzaron con el proyecto. “Adaptamos un helicóptero que estaba ya en vuelo, invención de mi padre, el CH6, un ultraliviano de 70 HP, que si bien es de poca potencia, alcanzaba perfecto para la etapa experimental que iniciábamos y serviría luego para extrapolar los datos”.
La adaptación significó dotar al equipo de depósito para alojar el caldo de aplicación, bomba impulsora del líquido, botalón, picos de aspersión y accionamiento manual de la bomba. Tuvieron que estudiar la distribución de pesos porque tenían que compensar el agregado de esos 30 kilos de solución y lograr que el aparato no se desestabilizara. “El helicóptero es muy delicado en eso, tiene que tener una distribución de peso casi perfecta. Después de algunas pruebas de vuelo estacionario, en el campo y a muy baja altura vimos que reemplazando un tanque de combustible, de los dos que llevaba, por el del caldo de aplicación lográbamos la estabilidad del aparato”, explica Cicaré. Se eligieron los cultivos de trigo y soja para cubrir cereales y oleaginosas; invierno y verano, además de diferente estructura de planta, planófila y erectófila. Así podrían ver la eficiencia de deposición del caldo según el tipo de arquitectura de la planta. El producto utilizado para la aplicación fue el producto desarrollado por Clua. Un fertilizante foliar completo que tiene 12 elementos minerales en solución verdadera, macro y micro nutrientes. Contiene nitrógeno (N), fósforo (P), potasio (K), azufre (S), magnesio (Mg) y los microelementos hierro (Fe), cobre (Cu), zinc (Zn), molibdeno (Mo), cobalto (Co), boro (Bo) y manganeso (Mn).

METAS. ¿Qué se plantearon? Comparar la eficiencia del helicóptero versus los equipos terrestres; en los parámetros de tamaño de gota, dosis, deriva; y el efecto de la nutrición mineral vía foliar en el aumento del rinde y en la calidad de los granos. Para el primer objetivo planteado obtuvieron muy buenos resultados. A través del uso de tarjetas hidrosensibles colocadas a tres niveles en el cultivo, en el tope, en el medio y en la base del canopeo, midieron la cantidad de impactos. “Las tarjetas estaban mojadas casi por igual en todos los estratos, cosa que no se ve con el terrestre ni con el avión”, coinciden. Por una cuestión técnica que se llama “down wash effect” o efecto de mojado descendente, las palas del rotor principal del helicóptero producen una corriente de aire descendente que le permite sustentarse y a su vez producen un batido del follaje que hace que la penetración del producto sea completa. Este efecto, virtud única del helicóptero, hace que la deposición del producto alcance todos los estratos del canopeo del cultivo, aún los inferiores. “Si bien uno conoce los resultados que se obtienen en otros países con estos equipos, es enorme satisfacción obtenerlos”, dice orgulloso Juan Manuel.
Para la evaluación de los resultados obtenidos con el foliar hay que esperar “porque tuvimos un accidente, nos cosecharon el trigo accidentalmente antes de ser evaluado, así que hay que esperar al año que viene. En soja estamos esperando los ciclos R5, R6 para ver la eficiencia de la aplicación y luego esperar la cosecha”. En referencia a la fertilización foliar, algo sobre lo cual Clua investiga hace varios años, “el objetivo es, fundamentalmente, suplementar con N. El fertilizante utilizado tiene un grado 9, 4, 6, (NPK). Está comprobado que la aplicación de N aumenta el contenido proteico tanto en soja como en trigo, pero hay un efecto sinérgico de los micronutrientes en el rendimiento, no del todo estudiado porque los fertilizantes foliares completos importados son muy caros. Entonces se usan suplementos que tienen sólo NPK, o sólo N. Pero, ¿qué pasa con los microelementos que muchas veces son el elemento carente, que define un incremento en la calidad o en el rendimiento? Eso es lo que queremos probar con un fertilizante completo”.

COMPARACIONES. Las comparaciones son odiosas pero es tentador hacerlas. La aplicación de fitoterápicos se puede hacer con equipos terrestres (de arrastre y autopropulsados) y equipos aéreos (avión y helicóptero). “Los aéreos tienen la ventaja sobre los terrestres porque no pisan el cultivo, a su vez el avión tiene ventajas sobre los terrestres por su mayor autonomía de aplicación: un avión trata muchas más hectáreas que un terrestre”, explica Clua. Esto implica economía de combustible, menor polución y cuidado del suelo y del cultivo, porque no hay compactación ni pisado y, en una época en donde el cuidado del medio ambiente es una prioridad, las tecnologías que lo respetan tienen más posibilidades de pasar al frente. “El helicóptero tiene ventajas por sobre los otros dos: despega en el espacio confinado a su envergadura de rotor, requiere de menos tiempo para realizar las curvas de retorno o cabecera, utiliza menos cantidad de producto dado el efecto aerodinámico, no produce exoderiva, trabaja sobre un amplio rango de velocidades, se reabastece en el lugar de aplicación y es ideal en espacios confinados”. El vuelo estacionario y el despegue vertical hacen que el helicóptero pueda volar en espacios aéreos inadecuados para un avión. “No se trata de enfrentar al avión contra el helicóptero ni de crear competencia, se trata de complementarse, de saber que hay situaciones en las cuales uno es mejor que el otro”, aclara Cicaré. Sin embargo, los dos saben bien que los costos de capital y operacionales de un helicóptero son más elevados que los de un avión, “por supuesto que estos costos se abaratarían si la fabricación del equipo se realiza en nuestro país, al punto de hacerlo comercialmente competitivo con respecto a la adquisición y uso de un avión”. Los equipos que se exportan como puede ser un Robinson R-44 alcanzan valores que superan los 400 mil dólares pudiendo llegar al millón en el caso de un Bell Jet Ranger. Una vez más pesa el factor “nacional” que hace a este proyecto tan especial y atractivo.

FUTURO. ¿Es factible pasar a un equipo comercial de mayor potencia y capacidad? El “Sí” es rotundo y a coro. “Hay posibilidades de que el CH-14 o bien el CH-2002 (más pequeño y económico), ambos fabricados por Cicaré SA, sean los equipos que se transformen en agrícolas. La orientación es hacia un equipo con capacidad para unos 200 o 300 litros”. Hay experiencia, porque Augusto Cicaré es dueño de una empresa argentina muy conocida y de gran prestigio, y sabe de qué se trata. “Él es el cerebro de todo esto, un maestro y absolutamente capaz de transformar este desarrollo en un producto final innovador y de excelencia”, dice Clua. Hay opiniones a favor “de empresas aeroaplicadoras agrícolas que hoy trabajan con equipos terrestres, que vieron las pruebas y están interesados en incorporar el helicóptero a su plantel de maquinarias”. Hay equipo, porque en la fábrica de los Cicare, padre e hijos (se suma Fernando, el piloto) se entusiasman con la idea. Al igual que todo Saladillo donde está instalada. Y surgen nuevos escenarios con las que hoy sueñan los protagonistas de este ambicioso proyecto. Porque se viene la siembra aérea de pasturas y la incorporación de sensores remotos, ya que el helicóptero por la baja velocidad de avance lo permite, entrando así en la agricultura de precisión. Y se viene la posible difusión y comercialización del fertilizante foliar.
Dos nuevas tecnologías de fabricación nacional se abren paso. Hay futuro, y es muy promisorio.

   
 
   
 

La fertilización foliar

En Argentina está técnica esta siendo adoptada cada vez más por la agricultura extensiva. De ninguna manera reemplaza a la fertilización de base sino que la complementa. El aumento en el precio de los fertilizantes, la necesidad de adecuar la relación costo-beneficio, el criterio de producir con sustentabilidad, la protección de los recursos, llevan a buscar nuevas alternativas. Es allí donde entra la fertilización foliar. Al aplicar foliarmente el producto se abaratarían los costos, ya que se usan cantidades precisas (menor dosis), la absorción es más rápida, desaparecen las interacciones fertilizante-suelo que atentan contra la eficiencia, y el producto es totalmente aprovechable por la planta. Permitirá adecuar los niveles de nutrientes a la necesidad de la planta en función de sus diferentes estadíos con el fin de aumentar la producción y la calidad del producto cosechado. Va a ser una técnica cada vez más adoptada entre los productores, sobre todo en el marco de la agricultura de precisión y de la mano de cultivos que requieren una calidad específica y deben ajustarse a estándares de calidad muy estrictos.

 
  Juan Manuel Cicaré mostrando los resultados logrados en la pulverización aérea, alcanzando uniformemente todas las tarjetas ubicadas desde la parte superior hasta la más baja del cultivo.