Año XI. Nº163
Abril de 2008
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  AGRICULTURA / Sorgo de Alepo  
  Duro de Matar  
  Los distintos biotipos de sorgo de Alepo que desarrollaron una resistencia natural al glifosato se están difundiendo de manera preocupante en todo el país. Las cosechadoras trasladan las semillas de un campo al otro. Sólo en el partido de Río Primero, Córdoba, el área afectada sería de 60.000 hectáreas.  
  Por Marc Henry-André
Fotos: Gentileza del Autor
 
 


TENIA VERGÜENZA. No por ser mujer en un ámbito de hombres, sino por la incredulidad de las personas a quienes empezó a contar su problema. En plena campaña sojera 2002-03, Gabriela Amado, una joven productora de Monte Cristo, en la provincia de Córdoba, comunicó a su proveedor de herbicida que no había podido eliminar el sorgo de Alepo que proliferaba en sus lotes. La empresa le pidió que realizara otra pulverización con glifosato. “El sorgo quedó regadito”, recuerda con ironía Gabriela. Entonces, le dijeron que no había aplicado la dosis prescripta, o que la pulverización no había sido correctamente efectuada o que el agua usada para aplicar el producto no era de calidad suficiente. Que estuvieran ante un caso de resistencia natural al herbicida parecía, entonces, imposible.
“Los productores vecinos tampoco me creían”, sigue contando la productora. “¿Cómo vas a tener malezas en tu campo si los pulverizaste con glifosato?”, le decían. “Esa campaña, echamos 8 litros por hectárea en las 5 más infectadas. Pasamos la máquina tres veces, sin resultado. En esta parte del campo tuvimos 100% de pérdida”, agrega. Lo peor estaba por venir.
Esa misma campaña, Gabriela y su cuñado compraron una cosechadora. La usaron para trillar las superficies que alquilaban y las 400 hectáreas propias del establecimiento. Sin saberlo, desparramaron las semillas de la especie resistente en su propio campo. “Al no conocer el problema, no hicimos lo necesario que era limpiar la máquina antes y después de usarla en los campos infestados”, dice.

SINDROME DEL PATITO FEO. Estas dos últimas campañas, sus lotes fueron tan infectados con sorgo de Alepo resistente al glifosato (SARG) que Gabriela Amado dejó de usar el herbicida total para aplicar un graminicida adecuado: 140 hectáreas sembradas con soja fueron pulverizados con Select, a una dosis de 750 cm3 por hectárea. El INTA le había recomendado aplicar dosis de 1.000 cm3, pero le pareció caro. La nueva estrategia de control que eligió, en comparación con la estrategia común con glifosato, significó un costo mayor en un 40% en la campaña 2006/2007 y de un 20% en la campaña actual. La diferencia económica se achicó en gran parte por la fuerte suba del precio del glifosato. En los otros lotes, infestados en un menor grado, aplicó el graminicida con uso de mochila.
El caso de Gabriela Amado no es un caso aislado. La fórmula “síndrome de patito feo” que usa un agrónomo del INTA para explicar la falta de comunicación del problema por parte de los productores, ya no tiene sentido ante la multiplicación de los focos y el incremento del área de dispersión tanto en el NOA como en la región pampeana. Super CAMPO no pudo acceder a los últimos datos del Senasa sobre el avance de la maleza a nivel país. Pero según indicó a este medio el ingeniero agrónomo Luis Franconi, especialista del tema que trabaja en el marco del programa Agricultura Sustentable del INTA desde la agencia de Río Primero, el área de dispersión de la maleza resistente a glifosato representaría no menos de 60.000 hectáreas en este solo partido. Datos del Senasa ya señalaban en el año 2006 más de 17.000 hectáreas con presencia de SARG en la provincia de Salta, entre 5 y 6.000 hectáreas afectadas en Tucumán, focos en la provincia de Santa Fe, cerca de Rosario y en las localidades de Las Rosas y El Trébol, y otros focos en la provincia de Corrientes, en cercanías de la capital.

TOLERANCIA NO ES RESISTENCIA Es necesario explicar aquí la diferencia entre tolerancia y resistencia, términos que se confunden. Son malezas tolerantes aquellas que no se controlan con un herbicida determinado. En cambio, son malezas resistentes aquellas que sí fueron controladas por la dosis de un producto y que adquieren características por los cuales ya no son afectadas por el mismo. En Argentina, se han reportado dos casos de resistencia a herbicidas. El primero fue un yuyo colorado (Amarantos quintensis) resistente a herbicidas inhibidores ALS: metsulfurón, pívot, etc. El segundo fue el sorgo de Alepo, llamado también pasto ruso (Sorghum halepense) resistente a glifosato. El área Malezas de la estación experimental del INTA Manfredi ha detectado hasta la fecha 37 especies con distintos grados de tolerancia a glifosato.

NO CULPAR A LAS AVES. “Estoy preocupado por la magnitud del área de dispersión, pero más aún ante la falta de medidas concretas para bloquear este crecimiento”, afirma Luis Franconi. “El sorgo de Alepo es una planta que se multiplica por rizoma y por semilla. Sabemos que el hombre es el principal responsable de su dispersión a través del uso de las cosechadoras. En los lotes, las franjas de malezas corresponden al recorrido de las trilladoras que pasaron en el lote unos meses antes. ¡No echemos la culpa a los pájaros! Cada constructor de maquinaria agrícola debería editar un manual para que los usuarios sepan cuales son las partes de la máquina que tienen que limpiar al entrar y al salir de un campo infestado”, recomienda. La falta de denuncia por parte de los productores es un problema serio. En julio del año pasado, el INTA organizó una reunión con la participación de la firma Monsanto para informar a los productores de Monte Cristo sobre lo que les está pasando. “Les pedimos que denunciaran los casos ante el Senasa, pero eso no ocurrió”, señala Franconi.
El productor pierde por dos lados: un costo de herbicidas más alto y una pérdida de rendimiento. Sin contar que un lote infectado con SARG pierde valor en el mercado de alquiler. Peor aún, el propietario de un campo podría ser reticente a alquilarlo a un productor que tiene sorgo resistente en los campos que ya trabaja.

COSTOS QUE IMPLICA. El sorgo de Alepo es una planta perenne que se multiplica por rizoma y por semilla. En lugar de dos aplicaciones de glifosato, un lote infectado con sorgo de Alepo resistente a glifosato requiere el uso de graminicidas cuyo costo es más alto. “Una aplicación no es suficiente”, indica el ingeniero. Luis Franconi. “Las yemas en latencia retoman el crecimiento. Hacen falta por lo menos dos aplicaciones. Primero, hay que evitar el rebrote por rizoma. Ya tenemos experiencia en el control del sorgo de Alepo (no resistente). En 1985, teníamos problemas con esta maleza en la zona de Río Primero. El control por vía química combinada con vía mecánica dio buenos resultados; pero ahora que los productores han adoptado el sistema de labranza cero, no podemos recurrir a ese método. Por eso, queremos evaluar la posibilidad de usar discos de corte vertical para trozar los rizomas. Sería una forma de bajar los costos sin tener que remover la tierra”, agregó el técnico.
Cuando se analiza el por qué de esta resistencia, surge una opinión. "La problemática actual no fue causada por el glifosato en sí mismo, el cual es un excelente producto de acción total y no residual”, aclara el ingeniero Héctor Rainero, responsable del área Malezas de la experimental INTA Manfredi. “La razón principal de la difusión de malezas con mayor tolerancia o con resistencia al glifosato se debe a su uso exclusivo y masivo en la Argentina donde se aplican unos 175 millones de litros de producto comercial por año. La presión selectiva es tremenda. Tenía que pasar”, concluye el agrónomo.

 

El ingeniero agrónomo Luis Franconi, del INTA, prueba varios productos aplicados a diferentes dosis para encontrar la mejor forma de combatir el sorgo de Alepo resistente a glifosato. El ensayo testigo (a la izquierda) muestra que el herbicida glifosato no afectó a la maleza.
 

¿Qué dice Monsanto?

Con aproximadamente 50% de participación en el mercado de los herbicidas en base a glifosato en el país, Monsanto está directamente involucrado en la problemática actual. Super CAMPO habló con Julio E. Delucchi, representante de la empresa y autor de un informe sobre la maleza y las formas de combatirla. “Todavía no sabemos cual es el mecanismo de resistencia que han desarrollado los biotipos de sorgo de Alepo que el glifosato no pudo controlar. Lo más probable es que tenga alguna relación con su capacidad de reducir u obstaculizar la circulación del agente activo del herbicida desde las hojas hacia la parte subterránea, dijo. Lo que sí sabemos es que no hay un patrón común entre los distintos biotipos que hemos estudiado. Esto significa que las máquinas no son las únicas responsables de la difusión de la maleza. El problema ha aparecido en EE. UU. también...”. El ingeniero agrónomo hizo dos recomendaciones dirigidas a los productores: usar glifosato comercial a las dosis indicadas por la empresa, porque “aplicar dosis bajas es la mejor formar de favorecer la difusión de especies tolerantes o resistentes”; y acostumbrarse a incorporar otro tipo de herbicida en mezcla con el glifosato, “para el barbecho e incluso durante el ciclo del cultivo”. No opinó sobre las consecuencias comerciales que podría significar la problemática actual para su empresa que acaba de lanzar en el mercado argentino su maíz doble evento resistente a glifosato.

 

La maleza se multiplica por rizoma y por semilla. Se necesitan varias aplicaciones de graminicidas para controlarla.